Identificar los cuellos de botella en la planta y ayudar al empresario a comprender por qué la operación está desordenada y qué acciones inmediatas puede tomar para estabilizar la producción.
Participantes:
Mentor: Carolina, ingeniera industrial con 20 años de experiencia en operaciones y plantas de alimentos.
Mentee: Julián, fundador y gerente general de Alimentos Don Julián S.A.S.
Duración: 90 minutos
Formato: Conversación guiada (toma de notas estilo realista)
Mentor: Julián, cuéntame cómo estás llegando hoy a esta sesión.
Julián: Agotado, la verdad. La planta se nos volvió un caos. Cuando producimos un lote grande, se nos atrasa todo lo demás. Cada semana hay un problema distinto. Yo pensé que vender más iba a ser bueno… pero siento que la empresa se me desordenó.
Mentor: ¿Cuál fue el último problema que te desgastó más?
Julián: El lote de ají miel. Perdimos casi 120 kilos por una falla en la cocción. La mezcla quedó muy líquida y tocó botar casi todo. Ahí perdimos plata, tiempo y reputación. Y cuando revisamos… nadie tenía claro el punto exacto de mezcla.
Mentor: Eso suena a falta de estándar. ¿Tienes recetas formalizadas o está todo en la cabeza del equipo?
Julián: En la cabeza… y en mis libretas. Yo sé cómo es. Pero cuando no estoy yo, todo se descontrola.
Mentor: Hagamos algo sencillo: descríbeme un día típico de producción.
Julián: (Habla rápido) Llegan los insumos… el equipo empieza a lavar… luego preparar… pero si la mezcladora no está lista, se me atrasan; y si la etiquetadora falla, todo el lote que está en espera se enfría demasiado. A veces empacamos dos productos distintos al mismo tiempo. No sé… es como si todos hicieran lo que pueden, no lo que deben.
Mentor: ¿Y tú dónde estás durante ese proceso?
Julián: En todas partes. Revisando. Ajustando. Supervisando. Apagando incendios.
Mentor: ¿Qué pasa cuando no estás?
Julián: Los tiempos se duplican. El desperdicio sube. Y me llaman cada cinco minutos.
La mentora dibuja un mapa rápido del proceso en una hoja.
Recepción
Lavado
Preparación
Cocción
Mezcla
Envasado
Etiquetado
Empaque
Mentor: Julián, ¿cuál de estos pasos te genera más dolores de cabeza?
Julián: Lavado y envasado. Esos dos matan mi día.
Mentor: ¿Por capacidad o por calidad?
Julián: Por las dos. Lavamos muy lento porque no hay un flujo claro. Y envasamos lento porque cada operario tiene su método.
Mentor: ¿Cuánto de lo que hoy pasa está documentado?
Julián: Nada formal. Todo está… pues, en mi experiencia.
La mentora hace una pausa larga.
Mentor: Entonces el problema no es la planta. Es que la planta depende completamente de ti.
Julián baja la mirada.
Julián: Sí… es que me da miedo que la calidad se pierda.
Mentor: Y por proteger la calidad, estás sacrificando la estabilidad. No puedes ser tú el estándar. El estándar debe estar escrito.
La mentora dibuja dos columnas: Hoy y Ideal.
Recetas en la cabeza del dueño.
Operarios improvisan.
No hay responsables claros.
Capacidad no calculada.
Indicadores inexistentes.
Recetas estandarizadas.
Documento maestro de proceso.
Roles claros.
Flujo visual.
3 indicadores base.
Mentor: Estás tratando de crecer con una operación artesanal. Y eso funciona solo hasta cierto punto.
Julián: Me cuesta soltar… pero sé que tienes razón.
Mentor: ¿Quién es la persona de más confianza en planta?
Julián: Laura. Ella empezó conmigo desde la casa.
Mentor: ¿Podría ser la líder de producción si le damos método y formación?
Julián: Sí. Ella podría.
Mentor: ¿Qué pasaría si ella asumiera el control del lote y tú solo revisaras indicadores diarios?
Julián: Me liberaría… y creo que la planta avanzaría más.
Escoger una línea (ají miel) y crear la primera ficha estándar:
ingredientes,
tiempos,
temperatura,
punto de mezcla.
Laura será la encargada de los lotes. Julián solo supervisará indicadores.
% de merma,
tiempo por lote,
reprocesos.
Revisar los tres indicadores y un hallazgo del día.
Julián: Siento que todo lo que está fallando es obvio… pero como estoy tan metido en el día a día, no lo veía. Me da miedo delegar, pero más miedo me da seguir así. Tengo que ordenar la planta.
Mentor: Ese es el primer paso: darte cuenta de que el desorden no es culpa de la gente, sino del sistema. Y eso sí lo puedes cambiar.