Ayudar al gerente a identificar el primer proceso que debe digitalizarse y comenzar a desactivar los miedos que él y su equipo tienen frente a la tecnología.
Participantes:
Mentor: Mauricio, consultor senior en transformación digital con experiencia en retail y distribución.
Mentee: Don Jaime, gerente y fundador de Distribuciones La Montaña.
Duración: 80 minutos
Mentor: Don Jaime, ¿cómo se sintió después de nuestra primera sesión?
Jaime: Pensando… mucho. Me puse a observar la operación y caí en cuenta de que vivimos apagando incendios. Y que, sí, muchos de esos incendios vienen de cómo pedimos, cómo entregamos y cómo anotamos las cosas.
Mentor: ¿Y qué fue lo que más le llamó la atención?
Jaime: Que no sabemos cuántos pedidos se pierden por errores bobos. Y que yo pensaba que era culpa de la gente… pero es culpa del sistema.
El mentor sonríe.
Mentor: Ese es un descubrimiento clave.
Mentor: Hagamos un ejercicio. Si yo fuera un cliente suyo, dueño de una tienda en Belén, y hago el pedido por WhatsApp… ¿qué pasa?
Jaime: Usted me manda el audio… o le manda el audio a Julián, o al de cartera, o al vendedor. Depende de quién tenga el celular ese día.
Mentor: ¿Y quién consolida eso en un solo lugar?
Jaime: (se ríe) Nadie. Cada uno anota en su cuaderno. Y al final, cuando arman la ruta, revisan tres o cuatro chats.
Mentor: ¿Y qué tan seguido quedan cosas por fuera?
Jaime: Todos los días.
Mentor: ¿Y quién se lleva la culpa?
Jaime: Yo… o el conductor… o el vendedor. Pero sí, todos los días.
El mentor dibuja en una hoja el flujo actual:
Cliente → WhatsApp → 3 chats distintos → cuadernos → bodega → ruta
Luego dibuja la opción simple:
Cliente → Formulario / app básica → pedido centralizado → bodega → ruta optimizada
Mentor: Don Jaime, ¿qué siente cuando compara estos dos diagramas?
Jaime: (hace silencio largo) Que el segundo es obvio… pero en mi cabeza lo veo como un salto muy grande.
Mentor: No es un salto. Es un primer paso. Y ese paso se llama centralizar pedidos.
Mentor: La digitalización no empieza por apps sofisticadas. Empieza por ordenar un proceso clave.
Le escribe tres principios en su libreta:
Digitalizar no es complicar.
Un proceso desordenado digitalizado sigue siendo desordenado.
El equipo debe sentirse parte del cambio, no víctima.
Jaime: Yo siento que si meto algo nuevo, los vendedores se me emberracan.
Mentor: Porque sienten que les quita control. ¿Qué cree que pasaría si ellos mismos ayudan a diseñar el proceso?
Jaime: Cambiaría mucho. Son bravos, pero son buenos.
Mentor: Entonces los vamos a involucrar.
¿Cuál proceso genera más pérdidas hoy?
¿Qué error se repite todos los días?
¿Qué proceso mejoraría la experiencia del cliente de inmediato?
¿Cuál es el proceso más fácil de digitalizar sin asustar al equipo?
¿A quién del equipo podría convertir en “embajador del cambio”?
¿Qué proveedor de tecnología le ha cumplido y cuál no? ¿Por qué?
Después de unos minutos de conversación, llegan a un punto claro.
Jaime: El primer proceso debe ser el de pedidos. Si no arreglamos eso, todo lo demás sigue igual de torcido.
Mentor: Exacto.
Sin app todavía. Un formulario simple o WhatsApp Business con etiquetas.
Explicar la situación y construir el flujo nuevo con ellos.
Antes de aplicar a toda la base.
% de pedidos incompletos,
tiempo de armado de ruta,
reclamos de clientes.
Sin comprometerse. Solo exploración.
Jaime: Pensé que la transformación digital era cambiar todo… y veo que es cambiar una cosa bien hecha. Eso me tranquiliza.
Mentor: Transformar no es una revolución. Es una secuencia de pasos inteligentes.
Jaime: Me gusta eso. Vamos paso a paso.